
Ayer volví a leer las cartas de Dracul, y creo que no debí haberlo hecho, porque sólo ha servido para aumentar mis sospechas.
Todo empezó aquella mañana, cuando descubrí ese extraño tatuaje en mi barriga, que se parecía... sí, se parece a la Mano Calabresa. Me he obligado a mí misma a pensar que no es cierto, que no puede estar pasando... desde luego no ahora, que hace tanto tiempo de aquello. ¿Quién se iba a interesar por una historia semejante a estas alturas, veinte años después? Si hasta yo la había olvidado... casi.
Pero está claro que desde entonces me vigilan. Creo. Intento convencerme de que no es posible pero, cuando vuelvo a casa de noche, siempre hay una sombra que se mueve, un suspiro apagado, una maullido en la lejanía, que me sugieren lo contrario.
He pensado que debería visitar a Dracul para preguntarle lo que opina, ¿pero qué puedo decirle? Ahora, que se han acumulado tantas cosas que decirnos que no podemos decirnos ninguna... Además, no sé si me atrevo a enfrentarme a él así, convertido apenas en una sombra de lo que fue. Ambos convertidos en sombras de lo que fuimos.
Puede que me lo esté imaginando. Pero yo creo que no, sé que no. Bueno, en unas horas tengo que recoger a Antonio. Quizás, si se lo cuento a él... Sí, ya tiene edad suficiente para comprenderlo. Se asustará al principio, pero luego me ayudará a ver las cosas con más claridad. Al fin y al cabo, me recuerda tanto a cuando yo era joven... Y me quitaré ese peso de encima... ¡por fin!
He de irme, que llaman a la puerta.
Entrada del día 9 de julio de 2005
en el diario privado
de la madre de Tony Zamora.
en el diario privado
de la madre de Tony Zamora.

