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28 de enero de 2011

Crónica de una actriz

Todo empezó este verano cuando yo no tenía ni idea del rodaje de una nueva película de los directores montillanos Antonio Urbano e Ignacio Ruz, y al parecer, ya llevaban más de un año con el proyecto en mente. Tras algunos cambios en el guión del largometraje, ya que de forma inesperada uno de los personajes más antiguos no podía participar en el proyecto, uno de los directores, del que puedo presumir ser hermana, me habló de un posible papel que yo podría representar, por falta de candidatos.

Pues bien, entusiasmada y emocionada, asentí ante aquella propuesta sin saber aún lo que se me venía encima. El rodaje se retomó en agosto, que fue cuando comenzaba mi participación. A partir de ese momento todo parecía ir demasiado deprisa: vestidos por aquí, pelucas por allá, maquillaje, texto, mucho texto memorizado minutos antes de empezar a grabar, y muchas horas… todos nos esforzábamos para que todo fuese perfecto pero poco a poco el cansancio se iba notando. Recuerdo días muy intensos, como la secuencia de “la cripta” en San Juan de Dios, o la persecución de los carritos, sí, eso lo recuerdo muy bien: ¡a las siete de la mañana me levanté aquel día!, pues uno de nuestros enemigos más temidos era el sol abrasador de las tardes de Agosto.

En resumen, el rodaje fue duro, muy duro, complicado y agotador. Al acabar, todos esperábamos con más entusiasmo del que nadie pueda imaginarse el día del estreno de la película, contando los días que faltaban y con ese cosquilleo que te entraba en la barriga cuando te parabas a pensar si le gustaría a la gente o si se venderían todas las entradas... y así fue. El teatro estuvo repleto, la gente hacía cola en la taquilla para comprar las últimas entradas, y a pocos minutos antes de empezar la proyección el elenco de actores estábamos tan nerviosos que no parábamos quietos en las butacas.

La gente reía a carcajadas con las escenas cómicas, saltaban de sus asientos cuando no se esperaban un buen susto y a algunos de los más sentimentales se les escapaba un débil “¡ooh...!” cuando Tony Zamora se despedía finalmente de sus locas aventuras como detective adolescente.

Los actores salen al escenario, saludan, la sonrisa no cabe en sus rostros y la gente aplaude, aplaude sin parar…nunca olvidaré esa escena, sin duda la mejor de la película.

Desde aquí quiero agradecer a todos los que han participado en este duro rodaje, que han hecho posible sacar algunas carcajadas a la gente y hacerles pasar un buen rato. Agradecerles, además, a todos ellos por dejarme participar en la trilogía de “My name is not Bond, James Bond” y haberme acogido tan bien. Por último, gracias a todas aquellas personas que nos han apoyado viniendo a ver la última aventura del detective más patoso de la historia.

por Begoña Ruz,

hoy que se cumple un mes del estreno.



4 de enero de 2011

Despedida


No acostumbro a hacer esto, de hecho, creo que nunca he publicado una entrada aquí escrita íntegramente por mí. Pero el otro día me pedisteis en la cena del estreno unas palabras como “director” de las doncellas de calabresi, y aunque no se me dé muy bien escribir ni hablar en público aquí van:

Ante todo gracias, no sólo por haber hecho posible que acabásemos esta última película, que tantos quebraderos de cabeza nos ha dado, sino por todos estos años de risas y anécdotas que hemos vivido.

Sé que este último verano ha sido duro, muy duro, incluso hubo algunos días en los que fue insoportable grabar, pero no me podréis negar que el resultado final ha sido más que satisfactorio. Ahora me alegro de que costase tanto trabajo rodar escenas como las de la cochera, o las persecuciones por la montaña, la cripta y las peleas del telar… porque si hubiesen sido fáciles, no hubiésemos tenido esa doble recompensa de poder decir: a la gente le encantó, y con el trabajo que nos costó hacerlo…

Todo esto no hubiese sido posible sin todos vosotros, y cuando digo todos, sois todos; desde los que estuvimos ahí desde el principio, al que se vistió de monja y repartió tortas, al que bajó a Jarata a bailar-empujar, a la tía que nos dejó su jardín, al padre que nos prestó su cofre, a los abuelos que nos prestaron su casa y que se presentaron por sorpresa en el rodaje, al gato que salió volando y terminó por huir, a los que nos ofrecieron esos lugares tan espectaculares desinteresadamente sin saber lo que se les venía encima, al chaval que sujetaba el micro, al que nos hizo el altar y no nos cobró nada, a la prima que preguntaba por las bicis, a la que hizo el papelón de su vida disfrazándose de bebé, al profesor que nos prestó su cuerda por unas semanas y jamás la volvió a ver, al que escuchó la canción de Maranda y ya no pudo quitársela de la cabeza, a la madre Abigail, a los que se fueron lejos muy lejos, a los que ya no volvieron a salir, a los se estrenaron al final de esta historia, a los que han participado activamente desde el principio y que por unas circunstancias u otras en esta última han participado menos, a TODOS…… mil gracias por haber permitido que culminemos con éxito la trilogía, que culminemos con éxito esta gran etapa de nuestras vidas que jamás olvidaré.

A la pregunta que todos nos estamos haciendo….¿y ahora qué?.....¿nada?... de momento no, nos merecemos un descanso, desde luego. Pero que sepáis que siempre estaré ahí para nuevos proyectos, para armar nuevos follones, para estar estresado pensando en la escena que hay que rodar mañana y de la cual no hay nada preparado, y ya me da igual que sea un largometraje, un cortometraje, un videoclip o una tontería para el youtube, porque con vosotros disfruto haciendo esto.

Y me quedo con una frase que escuché ayer en la cena: “No sabía que la película me iba a hacer tanta gracia… y no he parado de reír”, lo que me demuestra, que a pesar de todo, la hemos disfrutado.

¡Gracias!

Ignacio Ruz